Cómo no confundirnos con la Matrix y habitar conscientemente la realidad
El concepto de «como es dentro, es fuera» nos invita a reflexionar sobre la relación entre nuestro mundo interno y el mundo externo que percibimos. Muchas veces nos liamos con el programa de la realidad exterior (Matrix, Maya, o como queramos llamarlo), quedándonos atrapados en sus dinámicas y olvidando que somos los creadores de nuestra experiencia. Para no confundirnos con la Matrix, es crucial aceptar el escenario en el que vivimos, pero no quedar atrapados en él. ¿Cómo podemos lograr esto?
Aceptar el escenario y habitar la realidad con conciencia
La realidad, con todas sus formas, contrastes y dualidades, es un reflejo de quiénes somos. El mundo exterior funciona como un espejo que nos muestra aspectos de nosotros mismos, permitiéndonos ver lo que nos gusta y lo que no. Este escenario externo no es algo de lo que debamos escapar o rechazar, sino algo que podemos habitar conscientemente.
El gran reto es colocar el escenario en su sitio. La Matrix, o la realidad exterior, está a nuestro servicio si somos conscientes de ello. Al tomar plena conciencia, podemos ajustar la forma en que interactuamos con el mundo exterior y usarlo para nuestro crecimiento personal. Sin esta conciencia, podemos quedar atrapados en las dinámicas automáticas del programa. El poder está en darnos cuenta de cómo interactuamos con la realidad y qué decisiones tomamos al respecto.
Dar un paso atrás: el papel de la respiración y la meditación
Para evitar confundirnos con este «videojuego» que es la realidad exterior, el primer paso es dar un paso atrás y no identificarnos completamente con lo que ocurre afuera. Aquí entran en juego herramientas como la respiración y la meditación, que nos ayudan a volver a la tierra y centrarnos en el aquí y ahora.
La respiración es una metáfora y una práctica poderosa. Inhalar y exhalar no solo nos mantiene vivos físicamente, sino que también nos permite reorientarnos internamente. A través de la respiración consciente, podemos ajustar nuestra presencia en el cuerpo y volver a un estado de equilibrio y claridad. Cada persona puede encontrar su propio ritmo y forma de apoyarse en la respiración, pero el principio es el mismo: la respiración nos ancla en el presente y nos ayuda a habitar nuestra realidad con mayor conciencia.
El cuerpo: receptor de satisfacción y equilibrio
El cuerpo es el receptor final de todo lo que experimentamos. Cuando estamos alineados, sentimos satisfacción y bienestar. El cuerpo es nuestro indicador, nuestro notario, que nos dice si algo está funcionando o no. Nos ofrece un feedback continuo sobre nuestra alineación con la realidad. Si aprendemos a escuchar el cuerpo y a usar la respiración para centrarnos, podemos verificar constantemente si estamos en sintonía con lo que realmente queremos.
Además, el cuerpo reacciona emocionalmente a las experiencias y forma parte del sistema que nos ayuda a reorientarnos. Por eso, es importante prestar atención a nuestros sentimientos y las emociones que emergen, ya que estos son el pegamento del programa biológico que rige nuestra subsistencia y supervivencia. El sentimiento es la clave para entender cómo estamos interpretando la realidad y cómo podemos cambiar nuestra relación con ella.
El subconsciente: guardián de nuestras creencias
El subconsciente juega un papel crucial en todo este proceso. Es el almacén de todas nuestras creencias y memorias, y vela constantemente por que nuestra vida esté en equilibrio con lo que consideramos verdad. Lo que creemos influye directamente en nuestra realidad, ya que el subconsciente busca siempre darnos la razón y alinearse con nuestras creencias.
Si creemos que algo es difícil o imposible, el subconsciente actuará para hacer esa creencia realidad. Si creemos que podemos cambiar y experimentar nuevas formas de vivir, el subconsciente también trabajará a nuestro favor para hacer eso posible. Esto significa que tenemos la capacidad de reprogramar nuestras creencias y transformar nuestra realidad desde dentro.
Usar el escenario a nuestro favor: responsabilidad y acción
La responsabilidad es clave. Al aceptar que la realidad exterior es un simulador a nuestro servicio, entendemos que podemos ajustar nuestra experiencia en función de cómo interactuamos con ella. Para hacerlo, necesitamos observar con atención nuestras creencias, emociones y cómo se reflejan en el mundo externo. Es en este proceso de observación y autoconciencia donde comenzamos a habitar el escenario de la Matrix sin quedarnos atrapados en él.
El libre albedrío juega un papel importante aquí: ¿Qué decides hacer con tu experiencia? ¿Cómo eliges colocarte en este escenario? Al asumir la responsabilidad de nuestra percepción y actuar en consecuencia, podemos movernos de manera más libre y consciente en este simulador, construyendo una vida alineada con lo que realmente deseamos.
La imaginación: el puente entre lo interno y lo externo
Finalmente, la imaginación es una herramienta crucial para crear una nueva realidad. Como mencionamos antes, la imaginación nos permite darle forma a lo inconsistente, a lo que aún no ha sido manifestado. Lo que imaginamos y creemos empieza a configurar nuestra realidad, tanto interna como externa. Al usar la imaginación consciente, podemos crear nuevas formas de vivir, alineadas con nuestros deseos más profundos y auténticos.
Para no confundirnos con la Matrix, es fundamental aceptar el escenario y aprender a habitarlo conscientemente. La respiración, el cuerpo, el subconsciente y nuestras emociones son herramientas clave para mantenernos centrados y no quedar atrapados en las dinámicas externas. Al asumir la responsabilidad de nuestras creencias y usar la imaginación como puente entre lo interno y lo externo, podemos ajustar nuestra experiencia de la realidad y crear una vida más alineada con nuestra esencia. El escenario está a nuestro servicio, y tenemos el poder de usarlo para nuestro crecimiento y satisfacción.


